lunes, 24 de diciembre de 2012

15 DE NOVIEMBRE DE 1922, UNA LECCION HISTORICA



No cabe que haga apología de un hecho trágico ocurrido hace EXACTAMENTE NOVENTA AÑOS en Guayaquil, cuando aún el desarrollo industrial era incipiente o escaso, por ende la clase obrera, propiamente tal, era incipiente o escasa.  Era poco también lo que se había logrado en materia laboral, pese a que a esas alturas habíamos conquistado algunas LIBERTADES bajo la luz de la revolución alfarista y que salpicó de modernidad a una sociedad “curuchupa” y conservadora en la sierra; y, agro-exportadora en la costa ecuatoriana.
Muchos califican a este momento histórico, como “memorable jornada” (Joaquín Gallegos Lara y Alfredo Pareja Diezcanseco); otros, rotularon sus testimonios, como:  “la hora trágica” (José Ignacio Guzmán);  o una “jornada trágica”, denominada así por Alejo Capelo Cabello, poeta proletario y dirigente gremial Libertario (anarco-sindicalista) uno de los protagonistas de la protesta, fundador de la F.T.R.E. (Federación Regional de Trabajadores del Ecuador), Grupo "Luz y Acción", la A.G.A. (Asociación Gremial del Astillero), la “Sociedad Hijos del Trabajo” y otros gremios, como los de “carpinteros”, “cacahueros”, etc.
Días previos a esta masacre, se había decretado una huelga General convocada por la Confederación Obrera del Guayas, que agrupaba a artesanos, empleados, subempleados, estibadores de cacao, trabajadores del ferrocarril, luz y fuerza, etc.
Si bien se impulsaban algunas reivindicaciones laborales, como incremento de los jornales y reducción de la jornada de trabajo, también fue parte de esta agenda: la incautación de giros internacionales para evitar la especulación con su venta ( el dólar que costaba $2, se lo vendía en $3,20 y más), provocada a su vez, por la caída de las exportaciones de cacao, principal rubro de exportación, todo lo cual provocaba una escases o desabastecimiento y encarecimiento de los bienes de primera necesidad.
La Huelga en consecuencia, estuvo motivada por razones económicas y políticas que demostraban un alto  compromiso patriótico y no un interés egoísta y puramente reivindicativo, que buscaba también la renuncia del presidente José Luis Tamayo, quien ordenó sofocar la revuelta a sangre y fuego, que fue ejecutada por el coronel Enrique Barriga, quien fue el encargado de ordenar a la soldadesca, que acribillen a cientos de contestatarios y rebeldes que habían copado el centro de la ciudad de Guayaquil. Los muertos fueron  arrojados al “manso” Guayas, que se convirtió en sepultura para posteriormente recordarlos con cruces de “palo de balsa” y flores, ´para inmortalizar su memoria.
Las lecciones que se pueden extraer son varias, entre ellas: que  la furia de un pueblo, es parecida a la de un león que despierta hambriento y desesperado, capaz de poner en jaque la paz social. La muerte injusta y absurda, solo sirve para inmortalizar los malos recuerdos y revivir los sueños que inspiraron a los que se ofrecieron en el holocausto. La necesidad de velar por una sociedad más justa y equitativa, más fraterna y humana. La importancia del Derecho laboral, como mecanismo jurídico de justicia social y de armonización de los intereses del capital y el trabajo, no solo como medio de remediación, sino de prevención de los conflictos, actualizando y modernizando sus instituciones. Entender al Trabajo, no solo como fuente de subsistencia, sino como base de la economía como lo expresa nuestra Constitución, que nos invita a ampliar las caducas fronteras del Derecho Laboral..
Que estas reflexiones, nos conduzcan a los laboralistas a renovar nuestro compromiso por elevar la discusión jurídica en esta materia y luchar por la vigencia del derecho laboral en todas sus dimensiones, sociales, políticas, económicas y éticas..
Saludo Laboralistas y en memoria de los caídos, hoy iré al malecón, a poner una flor sobre el caudaloso Guayas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario